Por Fernando A. Mora Guillén
* El Fin del Mundo como laboratorio.
* La Gente no es Pendeja: la lección de Estados Unidos para México.
* IFE: Construir, no destruir.
El uso de las alertas públicas, se ha convertido en un arma de doble filo. Lo que debería ser un instrumento de prevención, de comunicación responsable para salvar vidas, hoy se utiliza también para sembrar incertidumbre, y medir hasta dónde llega el miedo colectivo. Cuando una alerta se lanza sin contexto, sin autoridad clara, y sin proporcionalidad, no informa: desestabiliza. Genera pánico, compras de pánico, desconfianza en las instituciones, y un desgaste social que, paradójicamente, nos deja menos preparados para la emergencia real.
Las últimas semanas hemos vivido el ejemplo perfecto. Todo comenzó en Europa, luego Medio Oriente y Asia, se difundió una alerta a la población civil para preparar la llamada “Mochila del fin del mundo”. Ante la eventualidad de ataques nucleares, una nueva guerra mundial, o fenómenos naturales. Una mochila con documentos oficiales, financieros, instrucciones médicas, cartas de alto valor personal, víveres esenciales, medicamentos, y líquidos. Días después, la misma alerta, con el mismo manual de temor, se replicó en América Latina, y Norteamérica. No necesariamente es una política oficial de protección civil, que debiera ser algo permanente y preventivo, más que una narrativa viral.
Hoy sabemos lo más delicado: el fondo no era proteger, era medir. Un proyecto y estudio a gran escala, para mapear, sectorizar, y clasificar las reacciones del mundo, a través de redes sociales, y medios digitales. Medir tiempos de respuesta, niveles de activación de la sociedad civil, de las academias y de los gobiernos. Tienen el termómetro del pánico. Y eso nos obliga a una reflexión urgente: la comunicación preventiva no puede usarse para experimentar con la sociedad. Alertar sin generar terror, es una responsabilidad del Estado, no un laboratorio de manipulación global. Si las autoridades en todos los niveles de gobierno tuvieran programas y acciones serios de protección, y prevención, no habría lugar a laboratorios, estudios ,y estadística, con un tema que debe ser una acción permanente de gobiernos.
Tómelo con interés.- La lección que deja a México la elección de Estados Unidos es que ningún poder, por grande que sea, sobrevive al divorcio con su base social. Para algunos, lo ocurrido es la factura de un gobierno percibido como autoritario, que confundió el mandato con permiso para no escuchar, que cerró puertas al diálogo y que apostó a la polarización como método. Cuando el gobierno deja de escuchar la calle y solo se escucha a sí mismo, la urna se convierte en grito.
Para otros, la lectura es la confirmación del valor de la democracia, y de los contrapesos. Que en Estados Unidos, con todas sus tensiones, siguen funcionando los equilibrios, la alternancia, y el voto como árbitro final. Y aquí es donde cobra vigencia la tesis central del último libro de Roberto Trad, _La Gente no es Pendeja_: la ciudadanía sí entiende, sí observa y sí cobra factura. Trad insiste en que subestimar al elector es el error más caro de un gobierno. Para México, que camina hacia 2027, la lección es esa base que olvidamos,: hay que volver a escuchar a la gente, porque la gente no es pendeja.
Tómelo con atención.- Esta semana, tras revelarse abusos y excesos en el Instituto Federal Electoral, la Presidencia instruyó a la Auditoría Superior de la Federación, a la UIF y a la Fiscalía General, a investigar contrataciones y acciones del sistema electoral a lo largo de su historia.
La instrucción sorprende en la forma, porque la ASF, es un órgano del Poder Legislativo, y la Fiscalía es un órgano autónomo, no subordinados al Ejecutivo. Pero más allá de la forma, el fondo exige claridad.
No podemos confundir personas con institución. En los últimos 35 años, la sociedad civil transformó al servicio electoral mexicano. Se construyó, a pulso, un Servicio Profesional Electoral de carrera, con formación, exámenes, mérito, y permanencia. Un servicio que dejó de ser botín de partidos para ser patrimonio de la ciudadanía.
Por eso el servicio electoral mexicano, fue reconocido en el mundo por su eficiencia y transparencia. No por sus consejeros, por sus funcionarios de casilla, por sus vocales, por miles de hombres y mujeres, que hicieron de la elección una operación ciudadana confiable.
El error fue otro. El error fue modificar procedimientos a modo, y otorgar facultades extraordinarias a la presidencia de Guadalupe Taddei, concentrando decisiones que por naturaleza, debían ser colegiadas. Ahí se rompió el equilibrio interno y ahí se incubaron los excesos.
Rumbo a 2027 lo relevante no es regresar al pasado ni alimentar la narrativa de la venganza histórica. Lo relevante es recuperar credibilidad y confianza en el Instituto Federal Electoral. Conservar el interés ciudadano por participar, que es el verdadero corazón del sistema.
Eso se logra con dos cosas: transparencia total, y sanciones determinadas a quienes cometieron errores, sean quienes sean. Sin cacería de brujas, sin borrón y cuenta nueva.
El camino no es ir al pasado. Es corregir, sancionar, y mirar hacia adelante.
*Maestro en Comunicación Institucional por la Universidad Panamericana.
*Socio Fundador del Colegio Nacional de Licenciados en Periodismo.
*Presidente de la Fundación Fernando Mora Gómez por la Libertad de Expresión.




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